Él sujetó su barbilla con las yemas de sus dedos y se inclinó para besar sus labios, abriéndolos de manera dominante, un calor ardiente y apasionado los envolvía.
Rodrigo y César esperaban abajo de esa manera tan precavida.
César paseaba preocupado de un lado a otro, echando miradas de vez en cuando hacia arriba.
Mientras tanto, Rodrigo permanecía sentado en el sofá con una expresión sombría, con los párpados caídos y observando detenida y constantemente la grabación de la cámara de seguridad en