A las afueras de la villa.
Clara se subió al lujoso coche de Rodrigo.
—Clara, rara vez tienes tiempo para estar a solas conmigo.
Rodrigo, con sus ojos astutos y una sonrisa seductora, miró a la hermosa mujer a su lado.
—Si no fuera por Noa, ¿crees que estaría dispuesta a hablar contigo?
Clara cruzó sus piernas esbeltas, se abrazó a sí misma y habló con voz fría y tranquila. —Rodrigo, tú que siempre ha conocido a tantas mujeres en el mundo del amor, ¿está empezando a sentir algo por Noa?
Al oír e