El fin de semana, fuera de Platino y Provecho, en la Ciudad de México, se reunieron numerosos periodistas. Para proteger la privacidad de los millonarios, solo podían esperar afuera.
Pero las personas que llegaron allí eran coleccionistas excelentes y banqueros de inversión. En este mundo donde todos iban tras el beneficio, no les interesaba la exposición mediática, y solo ansiaban los tesoros.
Excepto las hermanas Celia y Beatriz.
Cada año, Ema se vestía de gala y convertía una prestigiosa sub