—¿Qué estás haciendo? ¿Invadir tu camino? —Clara lo miró de arriba a abajo, con una boca afilada como una cuchilla, sin mostrar ninguna ternura hacia él.
—Cuando saliste del hospital, te fuiste apresuradamente y ni siquiera tuve la oportunidad de decirte unas palabras. —Alejandro ignoró la indiferencia de la joven mujer y aun así habló con suavidad.
—Si no fuera por Noa, nunca nos habríamos encontrado. Y no hay mucho de qué hablar.
Clara no mostró ninguna vacilación, se dio la vuelta y se dirigi