Leona fue interrogada por la policía durante toda la noche y ya ha pasado un día completo. Esas veinticuatro horas fueron una tortura para la joven mimada. A pesar de que en la sala de interrogatorios le proporcionaron comida y bebida, no le permitieron dormir ni descansar, lo que la dejó con ojeras bastante marcadas y el rostro demacrado.
Un potente foco de luz blanca brillaba sobre su cabeza, secando su cabello, por el que había gastado una fortuna en cuidados capilares. Era una tortura.
—No l