Alejandro se quedó allí, paradote frente a Clara, dejando que sus palabras cortantes lo bombardearan sin poder contraatacar en absoluto.
Porque tenía razón, todas esas cosas que la habían lastimado, cada una de ellas fue causada por él.
—Clara, no tengo nada con Jimena, ¡nunca he admitido que sea mi hermana! —Alejandro estaba desesperado, con las orejas enrojecidas y la voz ronca.
Nunca fue alguien que le gustara justificarse, pero esta vez estaba realmente ansioso.
—¿Por qué me lo estás contand