El día siguiente.
Aunque Alejandro todavía tenía algunas cuestiones difíciles que resolver, cuando supo que Rodrigo había tenido un accidente automovilístico, se apresuró al hospital con ansiedad.
En la habitación, Rodrigo estaba acostado en la cama, con un soporte lumbar sosteniendo su cintura y un collarín en el cuello, y con la boca abierta para recibir una manzana cortada por su secretaria.
Esta escena lo hacía parecer como un niño mimado en casa, incapaz de cuidarse a sí mismo, disfrutando