—¿Crees que me pasé de la raya? — Rodrigo entrecerró los ojos.
—...— Noa bajó la mirada y afirmó suavemente.
—Pero siento que aún no he hecho lo suficiente.
Al ver su apariencia afligida, Rodrigo no pudo evitar levantar la mano y acariciar su suave cabello. —Eres la hermana de Alejandro. Te intimidaron, así que por supuesto tengo que defenderte. Esta vez, fui más suave. Principalmente porque no quería asustarte.
Noa sintió el calor que emanaba de la palma del hombre que lentamente se filtraba en