—Aarón, ¿qué te pasa?—Clara parpadeó, un poco asustada.
En su impresión, Aarón nunca había estado tan desaliñado y de un aspecto tan miserable, con los ojos enrojecidos y los labios pálidos, como un pequeño perro sin hogar empapado por la lluvia.
—Aarón, ¿has venido por el asunto de Ema?
Diego se acercó a Clara con paso firme, su mirada seguía siendo cálida, mientras limpiaba sus elegantes y largas manos con un pañuelo blanco.
Clara echó un vistazo y notó algunas manchas de sangre en el pañuelo