Húmedo, oscuro, frío.
Lo que le golpeó fue el fuerte olor a polvo rancio y el picante aroma a tabaco, haciendo que Noa, con los ojos medio abiertos y pesados, no pudiera distinguir muy bien entre sueño y realidad.
En un momento de confusión, sintió una mano fría como la de una serpiente acariciando su delicada piel.
—¿Quién está ahí?
Noa abrió los ojos de repente como si hubiera escapado de una terrible pesadilla, solo para caer en otra aún más terrible.
Gaspar estaba sentado al borde de la cama