—Gracias por el elogio, Leticia— Noa se ruborizó tímidamente, desviando la mirada de Víctor, incapaz de enfrentar su firme mirada.
Víctor permaneció en completo silencio detrás de su madre, observándola intensamente con una mirada muy profunda y ardiente, sin apartar un solo instante su atención de Noa. En sus bellos ojos parecía haber oculto un sinfín de emociones.
Leticia sonrió con gran amabilidad y, sin decir una sola palabra, deslizó desde su muñeca izquierda una delicada pulsera de esmeral