Alejandro apenas se giró, Clara atrapó su gran mano con delicadeza, con una mirada tierna y mejillas rosadas, le preguntó con dulzura: —¿Realmente necesitas hacer esa llamada ahora? ¿Dejarás que me bañe sola?
La garganta del hombre se tensó un poco mientras sus ojos ardían de deseo, su gran mano atrapada por ella mostraba las venas hinchadas y temblorosas. —No quiero que te bañes sola. Pero antier y ayer, ya hicimos el amor. Te dejé tan agotada que apenas pudiste dormir. Si hacemos el amor esta