Los zapatos de tacón plateados de Esperanza resonaron rápidamente en el lujoso pasillo, dirigiéndose directamente hacia el salón S001.
—¡Señorita Esperanza, por fin ha llegado!
En la puerta, el supervisor y algunas relaciones públicas femeninas estaban temblando y desconcertadas. Dos de las muchachas tenían la frente herida, con manchas de sangre goteando por sus mejillas, y la otra tenía un ojo morado.
—¡Bestia despreciable! ¡Qué brutalidad!
Esperanza se sentía muy mal y reprendió severamente a