Capítulo1675
A pocos pasos de distancia, las figuras equilibradas y destacadas de Diego y Teófilo se miraron intensamente.

La luz de la luna brillaba en el rostro claro de Teófilo, derramando una capa de luz suave y delicada que hacía imposible apartar la mirada.

—Diego—titubeó al abrir con ternura los labios.

Diego se acercó a él con pasos decididos, con ojos brillantes y una respiración ligeramente profunda y cálida.

—Diego, lo siento, todo es culpa mía por ser demasiado egoísta, querer estar contigo.

Al m
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