—En casa estoy bastante bien, muy bien— Celeste respondió con una amplia sonrisa, entrecerrando los ojos mientras jugueteaba despreocupada con la ceniza del cigarrillo con sus elegantes dedos blancos. —No tengo familia, pero todo el mundo es mi hogar.
—¿De qué estás hablando? Si no tienes familia, ¿entonces qué soy yo? Soy tu familia— Clara rodeó afectuosamente su brazo. —Soy tu maestra y, además, soy mayor que tú. Solo considérame como familia.
Celeste levantó con picardía la barbilla de Clara,