Clara vio cómo la expresión de Alejandro se oscurecía al instante.
El hombre, vestido con elegancia bajo el impecable traje, ocultaba sus anchos hombros que temblaban ligeramente. Sus ojos estaban enrojecidos, y parecía que en cualquier momento podría estallar en una intensa y confusa emoción.
Clara apretó la mano de él, tratando de indicarle que se contuviera.
No es que ella quisiera que Alejandro siempre cediera; si surgía la oportunidad, incluso le gustaría enfrentarse a Enrique en lugar de s