Pol, aparentando haber llegado apresuradamente al recibir las noticias, esperaba sentado con seriedad ansioso en la sala.
—¡Recién se fue Alejandro y ahora aparece Pol! Ningún hombre cercano a nuestra hermana menor parece ser un hombre decente.
Javier y Diego estaban parados en el segundo piso, observaban desde arriba. A Javier le picaba la rabia.
Diego, con una mirada fría hacia el rostro de Pol, apretaba fuertemente los barrotes con manos donde resaltaban las venas tensas.
—En una ocasión tan