Andrés se sorprendió muchísimo, parpadeó y dijo: —¡Oh! ¡Esto es realmente una gran noticia! Felicidades a Enrique y a Alejandro.
—¿Está en realidad bromeando, Enrique?
Alejandro apretó los puños con fuerza, los nudillos se volvieron blancos, la ira incontenible y el pánico absoluto lo llevaron a tener los ojos enrojecidos, como una bestia atrapada en una jaula de hierro, ansiosa por luchar. —Todos los presentes saben que la persona a la que amo es a Clara, la amaré hasta la muerte. Ahora me está