—Ni hablar, eres demasiado parlanchina— Clara apretó los labios y le lanzó un sutil codazo a manera de queja.
Julio, viendo la interacción entre su hija y Alejandro, sintió una cálida dulzura en su corazón.
Incluso Rubén, parado detrás de él, no pudo evitar sonreír como cuñado.
—Alejandro, a pesar de que estás aquí acompañándola, como gerente de la compañía, no puedes estar cuidando y estando al lado de ella las 24 horas del día. No puedo dejar de preocuparme por mi hija, así que la llevaré a ca