Ella frotó sus ojos con fuerza, clavando su mirada en la mano pálida de Alejandro, pensando que estaba experimentando una ilusión debido al agotamiento extremo.
—Alejandro... ¿Alejandro? —la voz de Clara tembló incesante mientras sollozaba, con precaución y delicadeza llamando su nombre.
—Alejandro... ¿puedes oír mi voz? Si puedes, mueve un dedo... Alejandro.
—Clara... —una voz débil y sin fuerzas resonó en lo más recóndito de la habitación, donde solo estaban ellos dos, pero se escuchó claramen