—¿Quién diablos viene ahora? — Rodrigo frunció el ceño, preguntando entre dientes con rabia.
Odiaba la precipitación con la que él y Alejandro se movieron. No tenían suficiente personal y no eran lo suficientemente imponentes para enfrentarse a este tipo de autoridad. Un simple comandante no era nada, ¡en México incluso el alcalde se habría inclinado ante él!
—¿Por qué te pones tan nervioso cada vez que surge un problema? — Juan se burló, agitando relajadamente el cigarro en su boca, pero su man