Clara escuchó esa voz familiar, apretando la mano de Alejandro con fuerza hasta ponerla roja, su corazón latiendo fuertemente en su pecho, gotas de sudor brotando con gran frenesí de su frente. Sus ojos, llenos de total incredulidad, miraron hacia donde provenía la voz, sus manos temblaban ligeramente por los nervios.
—¡Es Julio!
—¿Julio? — Alejandro frunció el ceño, muy desconcertado, mirando fijamente a Clara con total perplejidad.
Justo en ese momento, un grupo de personas vestidas por comple