Él miraba sombríamente por la ventana, rememorando las sabias palabras de su abuelo, mientras más pensaba, más opresión sentía en lo profundo de su corazón.
No sabía por qué, pero siempre sentía que su abuelo le temía muchísimo a Álvaro.
Las repetidas advertencias de su abuelo, con una apariencia de estar dispuesto a todo por protegerlo, le daban la fuerte sensación de que Álvaro ya no era humano, sino más bien una bestia sedienta de sangre acechando sigilosamente en la oscuridad.
—Alejandro, es