Sin embargo, este hombre herido demostró tener una fuerza sorprendente. En un abrir y cerrar de ojos, sus profundos ojos se oscurecieron, y con un jalón repentino de su largo brazo, ella cayó completamente sobre él. Ambos cuerpos, igualmente ardientes, se pegaron firmemente el uno al otro.
Al instante, la mano izquierda de Alejandro, que todavía tenía el catéter del suero, rodeó su cintura delicada, y con una sola mano la atrapó firmemente contra él. Clara tenía sus ojos doblegados por la urgenc