Daniela, ya ha previsto la situación, había mantenido su teléfono a cierta distancia. Cuando Antonia terminó de hablar, respondió con un tono de total resentimiento: —Mamá, tú bien sabes que no tengo dinero, no puedo comprar nada bueno. —
Antonia hizo una pausa y continuó enseguida: —Al final, es que ustedes, la familia Flores, son demasiado descuidados. Ni siquiera dan una dote decente cuando una hija se casa. Qué pobreza tan absoluta. —
Daniela no respondió en ese momento.
Antonia agregó: —