La línea estaba llena de ruido cuando Joaquín contestó, pero aún así gritó algunas órdenes antes de hablar: —Vaya, vaya, hoy mi novia me llama primero. ¿Ya terminaste tu trabajo?
Emilia soltó una fuerte maldición: —¡No tengo tiempo para bromear! ¿Tienes una buena relación con Sebastián? ¿Puedes contactarlo?
Joaquín levantó asombrado una ceja: —¿Qué pasa, acaso también te gusta Sebastián? Eso no está bien, es el esposo de tu mejor amiga.
—Sebastián es un desgraciado. Nadie lo quiere. Algo le pasó