—Al fin y al cabo, somos primos. Si ahora te arrodillas y me suplicas perdón, seré generoso y te dejaré ir.
Baltasar tenía una sonrisa malvada en el rostro, su mirada hacia Sebastián era sanguinaria y totalmente arrogante, como si ya lo tuviera por completo a su merced.
Sebastián apenas le dirigió una fugaz mirada, no tenía ningún interés en perder tiempo hablando.
Lo que Baltasar más odiaba era esa actitud altanera de Sebastián, como si todos los demás fueran simple basura ante sus ojos.
Con un