Fermín golpeó la mesa con fuerza otra vez: —No me digas que la mujer con la que Sebastián se involucró es precisamente la hija de tu tía.
Javier miró al anciano con gran sorpresa. No se podía negar que Fermín, con su rápida capacidad de razonamiento, había construido un verdadero imperio.
Pero esta vez estaba muy equivocado.
Javier suspiró aliviado: —Abuelo, tú y la abuela educaron bien a mi tía, ella nunca permitiría que su hija destruya una familia.
Quería confirmar muy bien la situación antes