Daniela lo miró sin miedo alguno, su mirada tan tranquila como un lago en calma.
Ella ya había anticipado que Sebastián le cargaría por completo toda la presión y responsabilidad.
¿Y qué?
No creía haber hecho nada incorrecto, así que mantendría en ese momento su postura y no se sometería.
Celia la miraba con una expresión de absoluto triunfo, como si ya estuviera esperando verla arrodillarse en el acto.
Pero Sebastián dijo con indiferencia: —Mi esposa siempre ha sido muy amable. No sé qué hizo C