Esa mujer era precisamente Celia, con quien había tenido una acalorada discusión esa misma mañana en la oficina de administración.
Vestía un elegante traje negro con una profunda abertura lateral y llevaba un llamativo lápiz labial rojo, destacándose en la fiesta.
No había rastro alguno de su hijo malhumorado.
Daniela pensó para sí misma que hoy no podría tener peor suerte al encontrarse nuevamente con Celia.
Sebastián la miró con una actitud sospechosa: —¿Qué ocurre?
Daniela se humedeció los la