9.
"Sí."
Sus profundos ojos oscuros se clavaron directamente en los de ella.
"Primero, nunca entres en mi despacho del segundo piso. Segundo, no traigas invitados ni recibas visitas sin mi permiso. Y tercero, no toques ningún documento de esta casa."
Daniela frunció el ceño.
Una oleada de irritación le recorrió el pecho.
"Me estás tratando como a una intrusa", dijo, conteniendo el enojo. "Ahora soy tu esposa, no una desconocida que pretende robar en tu casa."
"Seas una intrusa o no, las reglas sig