Armando estaba decidido a dejar a Brisa, y tenía razón. Un hombre tan rico y poderoso como él no toleraría que una mujer le pusiera los cuernos. Ahora puedo entender por qué fue tan despiadado con Brisa. Al igual que yo, no toleraría la traición de Gaspar. Por más doloroso que sea, terminaría la relación, especialmente si se tratara de un hombre, y más aún si fuera como Armando.
—¿Armando, de verdad no puedes perdonarme?— preguntó Brisa, con lágrimas cayendo por su rostro. Su expresión llena de