—Ahora es hora de almuerzo, no va a regresar nadie, Jazmín. Si yo no me preocupo, ¿de qué te preocupas tú?
Armando tenía una expresión despreocupada, sin mostrar el menor temor de ser visto por los compañeros de trabajo.
Lo miré sin palabras, pensando que este hombre parecía tener el cerebro invadido por sus deseos carnales. En los últimos tiempos, sentía que en su mente no había más que sexo y más sexo.
—Ayer dijimos que lo haríamos esta noche. No acordamos hacerlo durante el día, a plena luz d