Al escuchar las palabras de Armando, me alegré muchísimo. No me esperaba que él aceptara tan fácilmente sin ponerme en aprietos. ¿Cuándo había cambiado tanto este hombre?
—Lo sé.
Respondí rápidamente y abrí la puerta para salir apresurada.
Al llegar a la casa de Gala, la encontré llorando como antes. La consolé sin cesar, sabiendo que este tipo de dolor necesita tiempo para sanar.
No la había visto en dos días y Gala se veía muy desmejorada, con ojeras muy marcadas. No era difícil adivinar que,