Un grupo de fanáticos agitaba pancartas con el nombre de la "Diosa" y celebraba con gran entusiasmo, mientras los gritos eufóricos de la multitud retumbaban en los oídos. Mateo sentía una mezcla de frustración y enojo, como si le hubieran robado en ese momento a su estrella.
—Felicidades, ganaste. Esta noche, soy todo tuyo.
Mateo atravesó ansioso la multitud mirándola con deseo evidente, como si quisiera desnudarla con la mirada.
Mariana lo miró con frialdad y una pizca de sarcasmo. Mateo era en