La situación se salió de control y, al ver que no podía contactar a Mateo, Viviana dejó de fingir estar enferma. Si seguía haciéndolo, corría el grave riesgo de que le robaran la casa. Así que rápidamente tomó un taxi y se apresuró a regresar.
Cuando llegó, se encontró con una multitud de personas afuera del patio, rodeando la entrada en capas. Gracias a los policías que Rafael había llamado con anterioridad, pudo abrirse paso y entrar en la casa, aunque esos pocos metros le tomaron más de diez