En ese instante, en el estudio, Mariana estaba sentada junto a Ezequiel en el sofá de cuero, dándole un masaje en los hombros y sintiéndose profundamente culpable.
—Abuelo, lo siento. Es Año Nuevo y te estoy causando problemas.
Ezequiel le dio unas palmaditas cariñosas en la mano a Mariana, consolándola con afecto:
—Sé todo sobre ti y Mateo. ¿No te enojaste cuando subiste hace un rato? Estos años, ese mocoso te ha fallado. Tu suegra también ha sido manipulada. No te preocupes, esa Viviana nunca