Mientras que el vehículo marchaba hacia el nuevo hogar de Mara, el movimiento en el puerto era inalterable, en la planta se habían quedado Claudia y Mariela, quienes se preguntaban si todo había sido una coincidencia. Al recordar la expresión en el rostro de Mara no podían evitar sentir pena y una gran duda por la suerte que esta estaría corriendo. Estaban seguras que apenas supieran en donde estaba viviendo la irían a visitar. Pero en su interior tanto una como la otra se lamentaban por no hab