113. El dolor de la traición
Alexandra cerró la última maleta, resoplando después por el esfuerzo de dejarla en el suelo. Faltaba menos de una hora para que saliera, cogiera su vuelo y se dirigiera a la antigua finca que había heredado.
Apoyado en la puerta de la que sería su nueva habitación, Joshua se cruzó de brazos y preguntó:
"¿Seguro que no quieres que te lleve al aeropuerto?".
"Sí, quiero, pero gracias por tu amabilidad", respondió ella formalmente. "De todas formas, tienes que irte pronto, ¿no?".
"No puedo dejar so