Narra David de María
Cada minuto que pasaba Alondra se iba poniendo peor y peor, no sabía qué hacer y me estaba matando verla desmayada, cada vez más inflamada de la cara, del cuello y se iba llenando de ronchas por todo el cuerpo. Mi madre al ver la gravedad de la situación se detuvo en el carril derecho en un tramo de la carretera dónde no invadíamos la circulación vehicular. No pasada nadie, estaba totalmente solo, pero teníamos que prever cualquier accidente.
Sacó su móvil y llamó al doctor