Narra Alondra Ferreyra
Por la mañana siguiente, David me despertó con toda la calma que le fue posible, yo no quería despertarme aún pero teníamos que bajar a desayunar pues no podía perder la cita que con tanto esfuerzo había logrado Carmen con la doctora el día de hoy.
–Buenos días chicos, espero que durmieran bien – Nos saludó Carmen – Me tomé la molestia de servirles el desayuno.
–Buenos días Carmen – La abracé – Todo se ve delicioso.
–Gracias madre, disculpa que tardáramos en bajar. Sabes