Narra David de María
Al día siguiente desperté muy tarde después de esa hermosa noche que habíamos tenido Alondra y yo, ella aún dormía plácidamente, era tan bella, me podía quedar horas mirándola, no pensaba despertarla hasta que vi la hora siendo cerca de las 12 del medio día de ese domingo. La desperté poco a poco y con mucha ternura, besos y paciencia por lo difícil que era despertara. No me di por vencido hasta que lo logré después de mucho intentarlo, abre sus ojos aun con sueño.
–Mi pri