Narra Alondra Ferreyra
Al fin, habíamos dejado la casa del padre de David y daba gracias a mi chico, por haber invitado a Sabadelle o todo hubiera estado fatal. Me sentía libre, de los hermanitos de David, de la mentada Almudena, de la estúpida de Irina y David bien que lo sabía, pues en cuanto Sabadelle, dijo lo del cine, mi chico no dudó ni por un momento, en decir que ya nos fuéramos y viéndolo así, había sido lo mejor, tanto, que no podíamos dejar de reírnos a bordo de la camioneta.
–Lo sie