Narra Alondra Ferreyra
Ese día que me separé de David, me sentía desecha y muerta en vida. Desde que empezamos a andar juntos, nunca habíamos tenido que separarnos y todo el camino a casa, no pude evitar llorar. Mi padre, por supuesto lo notó y quiso, que lo habláramos.
–Sé qué piensas, que esto es horrible, Alondra, pero trata al menos de entenderme un poco, por favor hija – Mi padre me miraba fijamente – No es nada bueno, lo que están haciendo David y tú, este último pleito que se aventaron,