Narra David De María
En ese momento, Alondra iba bajando las escaleras de la cabaña. Se veía despeinada, llorosa y cansada, lo que no era una buena combinación, pero eso ya no era de mi incumbencia, se acercó a mi madre para saludarla, como hacía todos los días.
–Buenos días Carmen – La abrazó Alondra.
–Buenos días Alondra, ¿Pudiste dormir algo? – Todavía se preocupaba por ella.
–No Carmen y lamento si tú tampoco has podido descansar por mi culpa – Hizo una pausa y me miró. – David, ¿Podemos h