Narra Alondra Ferreyra
Cuando abrí un poco los ojos, estaba en un lugar, que al principio no reconocí y cuando al fin los pude abrir por completo, de inmediato mis lágrimas, salieron como cascadas de mis ojos, al ver que mi príncipe, mi amado David, me tenía tomada de la mano y estaba dormido recargado en mi cama y sentado en una silla a orillas de la cama. De seguro ahí, no se encontraba muy cómodo.
Del otro lado Carmen, se encontraba dormida en un sillón y al parecer ella sintió cuando me de