Aurora se encontraba de pie sobre el altar, vestida con el uniforme de luchadora de la manada, frente a sus conocidos. Como de costumbre, ya estaban formados de manera sincronizada. La saludaron mientras ella recorría su mirada sobre ellos para señalar correcciones si no mantenían la postura correcta o si sus uniformes no estaban bien colocados. Al ver que todos estaban organizados, detuvo el saludo para comenzar a dirigirse a ellos.
Su voz era fuerte y audible. Empezó diciendo:
—Chicos, han