Tumbada sobre la tierra fría y dura del mundo místico, con la piel aún ardiendo por la violenta bofetada de Ursula, Aurora se encontraba atrapada en la humillación. Su cráneo palpitaba como si cada latido de su corazón llevara la hechicería de la bruja. Con cuidado, se incorporó, sus ojos ardían con determinación, aunque la confusión inundaba sus pensamientos.
—¿¡Por qué estás haciendo esto!? —ladró Aurora, su voz reverberando en el enorme vacío brumoso—. ¡No te he hecho nada, así que deja de j