—Vete a la mierda, Maya. —gruñe, mientras yo sigo mirándola con sospecha hasta que me echo a reír.
Ella y John no tienen muchas facilidades financieras y aún así los dos están aquí en Madrid, sin poder trabajar, por mí. Y esta es solo una de las innumerables pruebas de lo mucho que se preocupan por mí, así que aunque no lo diga con todas las letras, sé que mi mejor amiga me ama, sí, y mucho. Y sé que ella no es el única. Mi madre, mi padre, Ares, May, mis amigos… todos deben haber pasado por mo