Estimulado por mi atrevimiento, Ares no tardó en cubrir mi boca con su mano y, manteniendo la otra en mi cuello, se movió de nuevo. Sentirlo provocándome así mientras el consolador vibra como loco dentro de mí me hace resoplar repetidamente, hasta que Ares mueve su mano sobre mi boca para que sus dedos pulgar e índice queden posicionados frente a mis fosas nasales, limitando el flujo de aire a mis pulmones, pero sin restringirlo completamente. Mientras lo hace, alterna su atención entre mi rost